
La botella de whisky se vacía con rapidez mientras nos miramos a los ojos, sin necesidad de palabras. La habitación se vuelve un espacio privado, solo para nosotros, donde el ruido de la ciudad se desvanece. Me pongo de pie, y sin pensarlo, nos abrazamos fuerte, el calor del alcohol y el deseo compartido creando un lazo imposible de romper. La primera vez que nos besamos, el mundo se detiene. No hay nada más que la sensación de piel contra piel, de vida contra vida. Y en ese momento, sé que nada volverá a ser igual.


