Era un sábado por la noche y estábamos en una fiesta secreta en el piso de un amigo. La música era intensa, las luces estroboscópicas bailaban al ritmo del techno y el calor era palpable. Mi amigo, Alex, se había acercado a mí con una sonrisa traviesa en el rostro. De repente, se quitó la ropa inferior y se quedó con un calzoncillo ajustado que apenas cubría su erección. No se pudo resistir, estaba empalmado. Me miró a los ojos y se acercó más, su miembro erecto presionando contra mi pierna. Era un gesto directo y provocativo, un desafío a cualquier inhibición que pudiéramos te

