La mirada de mi pareja se desliza por mi cuerpo, deteniéndose en el punto justo donde mi ropa deja de ser un obstáculo. Su sonrisa sugiere que ha llegado el momento de dejar a un lado la cautela y ceder al deseo. La noche está llena de posibilidades, pero solo una cosa importa: sentirme invadido por su presencia, sentir su calor y su deseo en cada poro de mi piel. Petado y abriéndome a su encuentro, espero que él sea el primero en tocarme.



