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Joven macho pollón se hace una paja con final feliz

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Me acuerdo de la noche en que mi pareja me miró con una sonrisa pícara y me dijo: «Quiero verte gozar». No necesitaba más invitación.

Me había estado preparando durante horas, pensando en la forma en que me iba a mover, en la posición en que me iba a dejar penetrar, en el sonido de sus gemidos cuando yo lo hiciera. Era la noche perfecta para una conexión física intensa.

Me quité la ropa y me senté en el borde de la cama, con mis pies colgando en el aire. Mi pareja se acercó a mí, con la mirada fija en mi verga, y comenzó a cariciarme con sus manos suaves.

Me sentí arder de deseo, mi cuerpo se estaba preparando para la penetración. Mi pareja se acercó más y me besó con pasión, su lengua invadiendo mi boca mientras sus manos continuaban explorando mi cuerpo.

Finalmente, se puso una capa de lubricante y se colocó detrás de mí, listo para penetrarme. Me di la vuelta y me senté con mi trasero hacia él, listo para que me metiera su verga.

La primera embestida fue intensa, sentí un intenso placer al sentir su verga gruesa penetrando en mi ano. Comenzamos a movernos al unísono, con un ritmo rápido y intenso.

El placer se acumulaba en mi interior, mi cuerpo se tensaba con cada embestida. Mi pareja jadeaba detrás de mí, su respiración agitada al mismo ritmo que la mía.

El clímax llegó de repente, sentí un orgasmo intenso que me recorrió todo el cuerpo. Mi pareja me siguió de cerca, gritando de placer mientras se liberaba en mi interior.

La conexión física fue intensa, el sexo fue intenso y emocionante. Fue una noche que nunca olvidaré, una noche de deseo y placer compartido con mi pareja.

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