La mirada se cruza y el aire se llena de anticipación. La habitación se vuelve un rincón íntimo donde el tiempo se detiene. Un susurro en el oído: «¿Quieres sentir el calor de mi piel?» La respuesta es un asentimiento, un movimiento de la cabeza que habla por sí solo. La noche se abre paso, llena de pasión y deseo. Un abrazo apretado, un beso húmedo y la noche se convierte en un susurro de placer.




