Recuerdo la noche en que conocí a ese hombre negro. Era un encuentro casual, pero el instinto me decía que algo especial iba a suceder. Y sucedió. Recuerdo cómo se me quedaba el culo después de follarme a ese hombre. Era como si el verga gruesa de él hubiera desbloqueado algo en mí, algo que nunca había sentido antes.
La atracción era irresistible. La forma en que se movía, la forma en que me miraba, la forma en que se acercaba a mí. Era como si el universo entero estuviera conspirando para que nosotros nos encontráramos en ese momento y en ese lugar.
Recuerdo la sensación de penetración cuando se metió en mí. Era como si mi esfínter se hubiera relajado por completo, permitiendo que él se adentrase en mí sin resistencia. Y entonces, el placer se apoderó de mí, un placer intenso que me hizo sentir vivo.
En ese momento, no había nada más en el mundo que él y yo. No había nada más que el contacto íntimo, el táctil de nuestra piel, el fuego en la cama que nos unía. Era como si hubiéramos sido creados para ese momento, para ese encuentro.
Y cuando terminó, me quedé allí, sintiendo el placer compartido que habíamos experimentado juntos. Era como si hubiéramos creado algo nuevo, algo que nunca había existido antes. Y en ese momento, sabía que nunca olvidaría ese encuentro, nunca olvidaría el placer que me había dado.




