Mi primo se acerca a mí con una sonrisa pícara en el rostro, su mirada deslizándose por mi cuerpo con una intensidad que hace que mi corazón acelere. «Quieres hacer un trío conmigo», susurra con una voz que hace que mi piel se erice de anticipación. Me imagino a los tres juntos, nuestros cuerpos entrelazados en una danza de placer y pasión. La idea me excita, pero también me hace sentir un poco inquieto. ¿Estoy listo para compartir esto con mi primo? ¿Y con alguien más? La pregunta reverbera en mi mente mientras mi mirada se cruza con la suya, buscando una respuesta en sus ojos.



