Lo conocí en el hotel al maduro. Estaba sentado en el bar, con su torso desnudo y su ropa interior ajustada, mirando a la pantalla del teléfono con una sonrisa ausente. Su cabello era grisáceo, pero su mirada era intensa y penetrante. Me acerqué a él y le pedí un whiskey, y mientras esperaba a que me lo sirvieran, me senté a su lado. Comenzamos a hablar de nada en particular, pero pronto descubrí que compartíamos una pasión por la libertad y la aventura. Su mano rozó la mía en la mesa, y sentí un estallido de electricidad. Era un hombre maduro, pero su energía era joven y apasion



