La noche era cálida y húmeda, el olor a sudor y deseo flotaba en el aire. Nosotros nos miramos, una mirada de complicidad que decía todo. Me quité la ropa, mi compi hizo lo mismo. Nos metimos en la cama, el calor de nuestro cuerpo se fusionó. Su mano exploró mi piel, su lengua me encontró. Me miró a los ojos, un gesto silencioso que pidió permiso. Yo asentí con la cabeza, y él se inclinó hacia mí. Su boca cerrada se abrió, su lengua me encontró de nuevo. La cama se convirtió en un mundo de sensaciones, de caricias y de deseo.

