Esa noche, en la habitación oscura, sentí la energía eléctrica que recorría mi cuerpo al ver a Carlos, con los ojos brillantes y una sonrisa pícara. Me miró a los ojos y le dije con una sonrisa maliciosa: «Te la voy a meter hasta el fondo, hasta que no puedas más». Su respiración se aceleró y su mirada se volvió más intensa. Me acerqué a él, sentí su cuerpo caliente y firme contra el mío. La anticipación era palpable y yo sabía que esta noche sería inolvidable.


