Recuerdo el tacto cálido de su polla entre mis labios, el olor a sudor y semen que lo envolvía todo. Me incliné hacia abajo, la boca cerrada alrededor de su erección, y comencé a moverla suavemente. Fue un movimiento sensual, casi hipnótico, que nos envolvió a ambos en una sensación de intimidad total. Su respiración se aceleró, los músculos de su cuerpo se tensaron y luego se relajaron, sumergiéndose en un sueño profundo mientras yo lo comía, la lengua y la boca trabajando en armonía perfecta.

