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Si eres capaz meteme tus 26 centímetros

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Era una noche de verano, la habitación estaba abarrotada de cuerpos sudorosos y risas. Yo estaba en la cama, con la mirada fija en la figura de él, que se acercaba con una sonrisa maliciosa. Me había estado mirando durante horas, y sabía que estaba listo para eso. La expectativa era palpable, y su voz se hizo más baja al decir: «Si eres capaz, meteme tus 26 centímetros». Me levanté, y en un movimiento fluido, me acerqué a él, nuestro cuerpo se encontró en una especie de ritmo, la anticipación era total. Su mirada se clavó en los míos, y en ese momento, todo se detuvo.

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