Saltar al contenido

No dejes de darme caña con tu buen trabuco

  • por

 

Recuerdo la noche que te conocí, el sonido de tu risa que me hizo vibrar en el fondo de mi alma. Me mirabas con ojos brillantes, un deseo que no se disfrazaba de nada. «No dejes de darme caña con tu buen trabuco», te dije, mientras nuestras bocas se encontraban en un beso apasionado. El calor de tu cuerpo me envolvía, la intensidad de tu contacto me dejaba sin aliento. En ese momento, sabía que no podía dejar que escapara la oportunidad de explorar la pasión que nos unía.

Compartir en: