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Le dije si me la chupas te follo

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Recuerdo la noche en que nos miramos a los ojos y todo se hizo silencio. La habitación se redujo a dos cuerpos, dos almas. Le dije si me la chupas te follo, y en ese instante, todo fue posible. La respuesta fue un asentimiento casi imperceptible, un movimiento de la cabeza que hablaba de todo lo que no se había dicho. Se acercó, su aliento caliente en mi piel, y todo se convirtió en un abismo de deseos. La primera chupada fue un grito silencioso, un llamado a la oscuridad. Y yo, atrapado en ese momento, supe que era adiós a la sobriedad, adiós a la reserva.

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