Recuerdo la noche en que conocí a mi tío rico, una figura imponente en la escena gay. Era un verdadero seductor, con un toque de refinamiento que lo hacía irresistible. Me invitó a una cena de lujo en su mansión, rodeado de arte y lujos. La cena fue un preludio, una forma de dar a entender que solo hay que chupar culo cuando uno es rico. Me miró a los ojos y sonrió, dejando claro que la noche iba a ser de placer y diversión. Y así fue, en una noche de sexo y pasión que nunca olvidaré.


