La mirada de mi compañero se cruza con la mía, y en ese instante todo se detiene. Se acerca, su cuerpo envuelto en una niebla de seda y olor a sexo, y yo siento mi erección crecer al ritmo de su respiración. «Marcando paquete», susurró, y su mano se cierra alrededor de mí, apretando con una fuerza que me hace estremecer. El negro de su piel me atrae, me seduce, y yo sé que esto va a ser una noche inolvidable.


