La mirada de él me recorre de pies a cabeza, deteniéndose en mi entrepierna. Se pone cachondo, la sonrisa se dibuja en su rostro y sus ojos brillan con un deseo intenso. Su mirada es una caricia, me hace sentir atraído y excitado. Me siento notado, apreciado, y mi paquete late con fuerza, respondiendo a su atracción. La energía que emana de él es palpable, y yo no puedo evitar sentir que estoy listo para algo más.


