Recuerdo la mirada intensa de mi tío, su cuerpo firme y musculoso, la forma en que me miraba desde arriba. Su mano se deslizaba suavemente sobre mi piel, explorando cada curva y pliegue. Sus dedos acariciaban mi culo, presionando suavemente, y yo sentía un escalofrío recorrer mi espalda. La excitación se apoderaba de mí, un calor que no podía ignorar. Su respiración era un susurro en mi oído, un recordatorio constante de su presencia. Me sentía vulnerable y a la vez ansioso, listo para recibir su atención.

