Le miro a los ojos, y su curiosidad se vuelve una invitación. Me acerco a él, siento el calor de su piel a través de la ropa. Mi mano busca su cintura, y sin decir una palabra, lo guío hacia mi habitación. Él se ríe, un poco nervioso, pero también intrigado. Me mira a mí, y yo sé que está dispuesto a descubrir. Le doy un toque suave en el trasero, y su sonrisa se vuelve más amplia. Le pido que se quede quieto, y con un movimiento suave, le pego el culo con la palma de la mano. La sorpresa en su rostro es contagiosa, y juntos nos reímos al escuchar su grito de sor


