La música martilleaba en el aire, el olor a sudor y laca llenaba los pulmones. Los cuerpos se mecían al ritmo, los ojos se encontraban y se desviaban, la tensión crecía. En un rincón, dos hombres se besaban con pasión, su lengua se enredaba en una danza sensual. Otro par se acurrucó en una esquina, sus cuerpos se rozaban, sus gemidos se perdían en el bullicio. La fiesta había sido un preludio, ahora era el momento de dejar ir. La orgía había comenzado, y nadie quería detenerla.

