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Ese pene ésta delicioso grueso y lechero

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Recuerdo la mirada que cruzamos en la oscuridad del baño, el aire cargado de anticipación. Su mano se deslizó por mi regazo, acariciando el contorno de mi ropa interior. Un escalofrío me recorrió la espalda al sentir su dedo rozar mi miembro erecto. Me miró a los ojos y sonrió, sabiendo exactamente qué había despertado en mí. «Ese pene», susurró, «está delicioso, grueso y lechero». Su lengua bailó sobre mis labios, y yo supe que no iba a poder resistir.

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