Esa mirada en el espejo, cuando estamos completamente sumergidos en el momento, es lo que nos hace sentir más conectados. Nos gusta grabarnos mientras follamos, no para compartirlo con el mundo, sino para recordar los detalles que nos hacen sentir vivos. La cámara captura la intensidad del encuentro, la emoción que nos hace olvidar el resto del mundo. Y cuando veamos esas imágenes más tarde, sabremos exactamente por qué nos gustó tanto ese momento.

