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El negro se puso a cuatro patas

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La habitación se quedó en silencio cuando él se arrodilló, las piernas separadas a la anchura de los hombros, el torso estirado hacia adelante. El sudor perlaba su espalda y su trasero, tensos por la anticipación. La mirada de su pareja se clavó en su anatomía expuesta, una mezcla de deseo y admiración en los ojos. Un susurro le escapó de los labios, una súplica sin palabras, y él se movió hacia adelante, la punta de su miembro buscando la entrada.

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