La primera vez que me toqué su miembro grueso fue como una revelación. Era como si mi cuerpo entero se hubiera preparado para ese momento, como si hubiera estado esperando a que alguien me mostrara la verdadera intensidad del sexo. Al sentir su grosor entre mis manos, me sentí como si estuviera conectando con algo profundo y primordial. Fue como si su cuerpo estuviera hablando con el mío, en un idioma que no necesitaba palabras. Me sentí vulnerable y a la vez poderoso, como si estuviera abriendo una puerta que había estado cerrada durante años. Su grosor era como un recordatorio de que


