
Mi pene tiene hambre y quiere comer, su erección es un llamado insistente, una señal clara de que ha llegado la hora. Me siento atraído por un hombre hermoso, su mirada me despierta algo dentro de mí, un deseo que no puedo ignorar. Sus ojos se encuentran con los míos y siento un cosquilleo en mi entrepierna, mi cuerpo responde de inmediato. Quiero sentir su calor, su olor, su contacto. Mi pene late con anticipación, ansioso por disfrutar de su compañía, por ser devorado por su pasión. La sed de sexo me consume, un deseo apremiante que solo puede ser saciado con la presencia de él.


