Eran las tres de la madrugada, la ciudad dormía, pero nosotros no. Nos habíamos quedado solos en la casa, él en mi regazo, su mano en mi entrepierna, y yo con la necesidad de sentirlo todo. Todo ocurrió en el sofá, fue pasión. Su lengua se deslizó sobre mi pecho, y yo le respondí con un susurro en su oído. Su mano encontró su camino, y yo jadeé al sentirlo dentro de mí. El sofá se convirtió en nuestro mundo, donde la realidad se detenía y solo había nosotros, el calor, y la pasión que nos unía.

