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Le dije que se arrodillara que se la tragara hasta el fondo

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La noche era calurosa y la emoción nos quemaba la piel. Él se miró en el espejo, una sonrisa audaz en su rostro. Le dije que se arrodillara, que se la tragara hasta el fondo. Sus ojos se entrecerraron con deseo, mientras sus manos se deslizaban hacia mi cinturón. La tensión era palpable, el aire lleno de promesas. Se inclinó hacia mí, sus labios rozando la piel de mi entrepierna. La espera era agotadora, el deseo era nuestro.

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