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Mi primera vez cuando me puse a cuatro patas

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Me acurruqué en el suelo, miré a mi pareja con una mezcla de nerviosismo y anticipación. Él se acercó lentamente, su mirada intensa en mis ojos. Me dijo «¿listo?» y yo asentí con la cabeza. Con un movimiento suave, me puse a cuatro patas, sintiendo el calor de la habitación y el pulso de mi pareja. Él se colocó detrás de mí, su aliento en mi oreja, y comenzó a moverse. La sensación fue intensa, como si mi cuerpo se hubiera desintegrado en miles de fragmentos que se unían de nuevo en un orgasmo explosivo. La primera vez que me puse a cuatro patas fue como despertar a un nuevo niv

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