Saltar al contenido

Lo conocí haciendo se un tatuaje y se vino conmigo a casa

  • por

 

Recuerdo la sensación de su mano sobre mi brazo, la presión suave del tatuador mientras dibujaba cada línea. Su mirada se encontró con la mía, un destello de interés que no pude ignorar. Después de que el tatuaje estuvo completo, se acercó a mí y sugirió ir a casa. La noche estaba llena de posibilidades, y su cercanía me hacía sentir vivo. Me ofrecí a acompañarlo, y nos dirigimos a mi apartamento, cada paso marcado por la expectativa de lo que podría suceder a continuación.

Compartir en: