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El negro sabía lo que tenia que hacer

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Él sabía lo que tenía que hacer. Su mirada se encontró con la mía, un fuego creció en sus ojos. Me apretó suavemente contra él, su cuerpo calentó el mío. Sus labios rozaron mi oreja, un susurro lejano, «¿Estás listo?» La pregunta era innecesaria, la respuesta se encontraba en el modo en que mi corazón latía. Me tomó de la mano, me llevó al oscuro de la noche, donde solo existía él y yo. La luna brillaba, una guía para nuestros pasos, pero no necesitábamos luz, la oscuridad nos liberaba.

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