Me estaba preparando para una noche de sexo salvaje, mi miembro estaba erecto y listo para jugar. Me rasuré el ano con cuidado, sintiendo el calor del depilador en mi piel. La sensación era agradable, me hacía sentir vivo y preparado para lo que iba a venir. Me miré al espejo y vi un cuerpo bien definido y deseable, listo para ser conquistado. Sabía que la noche sería intensa y emocionante, y me sentí a la altura del reto.

