Le dije que dudaría un caramelo rico, pero en realidad fue su sonrisa la que me hizo ceder. Con esa mirada pícara y esa forma de moverse, sabía que estaba en juego algo más que una simple noche de placer. Quería sentir su calor, su energía y su pasión, y no podía negarme a ese desafío. Y así, sin decir una palabra, me dije que no podría resistir la tentación de su cuerpo, y que estaba listo para darle un regalo que ambos recordaríamos para siempre.


