Comenzamos con besos profundos y caricias, explorando cada otro con un deseo mutuo que nos llevó a la cama. Allí, su pollón se hizo cargo, penetrando en mi culo con una firmeza que me dejó sin respiración.
El juego erótico comenzó, con un vaivén constante que nos llevó al clímax. Mi orgasmo fue intenso, como una liberación que me dejó sin aliento.
Él, con una sonrisa en su rostro, me dijo que me había estado deseando durante días. Su potencia sexual me dejó sin palabras, y su atracción irresistible me hizo sentir vivo.
Nuestro encuentro fue sexo seguro, con lubricación y protección para evitar cualquier riesgo. Pero la pasión que compartimos fue real, y el placer compartido que experimentamos fue algo especial.

