Recuerdo la primera vez que sucedió, estaba en un bar gay, rodeado de risas y música. Él, mi padre, era el centro de atención, su cuerpo atractivo y su sonrisa radiante. De repente, un joven más joven se acercó a él, sus ojos brillando con deseo. Mi padre, sin dudarlo, le invitó a acercarse. Los dos se encontraron en una esquina, sus cuerpos pegados, sus bocas buscando el contacto. Un chupetón suave y prolongado, la polla de mi padre envuelta en la boca del joven. La escena era sensual, el aire cargado de electricidad. Mi padre, satisfecho y relajado, cerró los ojos, disfrutando del



