xulazo gay

dotado

Quien no pasaría una noche con este chulazo pollón. ¿Qué harías en la cama con el? Lo dejo en vuestra imaginación

Hombres Desnudos Dotados
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3 thoughts on “El gran cipote de Kiern Duecan

  1. Cuando Theo vio ante él a aquel negrazo alto, corpulento, con un torso y abdomen marcados, comprendió que sería mejor no resistirse y plegarse a sus exigencias para ser destrozado lo menos posible. El sexo del negro se enervaba delante de Theo, grueso, largo y fuerte como esculpido en piedra. Sintió sus duros muslos entre sus piernas haciéndolas abrirse. Sintió su sexo húmedo y caliente en la punta de la polla, una bienvenida a la que no pudo resistirse. Lo empaló, deslizándose hacia dentro todo lo que pudo. Theo recibió cada centímetro de la descomunal polla, le penetró con una embestida que le lleno por completo con un calor volcánico y potente que detonó dentro de él al cabo de un instante. Theo gritó al sentir su ano rasgarse mientras el negro le embestía con fuerza y deprisa, sintiendo sus manazas aprisionando sus hombros y costados, después sus poderosos brazos le aprisionaron, apretándole con fuerza mientras su boca mordía su cuello. Theo fue follado con fuerza a un ritmo que era cualquier cosa menos suave… El dolor no cesó hasta que el negrazo alcanzó un orgasmo demoledor. Theo sintió temblar las paredes de su ano al notar que él se retiraba lentamente… Pero aquella relajación duró poco. Volvió a llenarle, esta vez levantándole las rodillas con los brazos para poder estar más cerca, para hundirse más en él. -Sí- Así, sus huevos chocaron contra su ano, empezó a moverse a un ritmo que era cualquier cosa menos suave. El rostro de Theo se había endurecido por la fuerza de la lascivia de el negro, probablemente, aquel negrazo nunca se había mostrado tan bestial como en ese momento.
    Theo se tocó el hematoma que el negro le había dejado en el cuello, hombros y los costados pero se dio cuenta de que no le dolían en absoluto. El dolor sordo y vacío que sentía entre las piernas era lo peor, pero incluso éste palidecía comparado con la fría crudeza que se le instalaba en el pecho cada vez que recordaba como el negro le tomaba.

  2. Preguntas que haria en la cama con él… Más bien preguntaría que haria en la cama él conmigo. Desde luego tendría que esmerarme mucho con la respiración para poder aguantar ese pollón en la boca. Y, después a hidratarme el ojete abundantemente y relajarme, para soportar la penetración.

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